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Taxonomía

Por: Kalashnikova el December 20, 2013

Ahí estaba frente a frente con esa criatura casi mitológica, sus ojos almendrados me miraban con curiosidad y su boca se transmutaba poco a poco en una línea ligeramente curvada y burlona. Yo me arremangué la camisa, apoye mis manos en la mesa y me acerqué a ella. Nuestros rostros estaban tan cerca que sentí que podría entrar a su mente a través de su mirada, de haber sido esto posible, hubiera sido de gran ayuda sin duda.

Ella no se movía, no hablaba, sus ojos parecían cuentas brillantes, como los ojos de una muñeca de esas antiguas de siglos atrás, muertos y fríos. De pronto sus irises se asemejaron a una galaxia en pequeño, pequeños estallidos de color verde, azul y gris aquí y allá parecían arremolinarse y danzar al unísono como los amantes que comparten una baldosa en la pista de baile. De pronto se echó atrás y sin quitar su vista de mi persona, arrastró algo de aire a sus pulmones.

-A ustedes les gusta jugar a clasificar a los seres humanos. Se divierten poniéndolos en pequeños estantes como esos ridículos muñequitos de porcelana color pastel, todo en aras de la ciencia y la verdad. Pero dentro de la estadística, de estos números, los porcentajes y sus casos prácticos no hay un estante para mí. A mí me gusta el sonido que hace un corazón cuando se mueve al ritmo del horror y el sufrimiento; me gusta el olor del subidón de adrenalina en ese momento especial, el sudor frío; me gusta sentir los cabellos de ellos enredados en mis dedos y sentir cuando la sangre tibia escurre por mis manos, al igual que ese mismo sabor metálico y semiácido. Pero lo que más me gusta es verles a los ojos en ese instante en que sus almas dejan sus cuerpos, es algo indescriptible, es…-

Me horroricé al ver sus pupilas dilatándose. ¡Dios mío! Qué criatura tan ominosa, pensé. ¿Cómo puede existir semejante ser? ¿Cómo es que pudo caminar entre nosotros sin que nadie le detuviera antes? ¿Cuántas como ella habrá en libertad ahora mismo? El estoicismo no es mi fuerte, al parecer, pues notó mi incomodidad.

-Te repugno, ¿verdad? Pues yo me considero única. Como dije, ustedes clasifican todo, ponen a cada uno de los seres humanos en cajitas inamovibles, constriñéndolos o tratando de ajustarlos al molde, porque así es más fácil sobrellevar su existencia. Pero unos no cabemos en el molde y no nos pueden mutilar para hacernos caber, verás-

– ¿Por qué lo haces?- le interrumpí

-¡No me agrada que me interrumpan!- espetó. Algunas gotas de su saliva llegaron hasta mi rostro. Y yo no pude evitar pensar en la posible toxicidad de dicho fluido hice una mueca de asco.

-Bueno, pues continúa

-A eso iba, y no porque lo digas tú- Se relajó y tomó una bocanada de aire- Está en la naturaleza, hay depredadores y depredados, estamos los más fuertes y los más débiles, los que comen y los comidos. Está en la naturaleza de las hembras, no hay nada que impida a una hembra asesinar a otra hembra, a diferencia de los machos que no matan a ninguno de los dos.

-¿Pero y los hombres? ¿Por qué?-

– Soy más lista que ellos, necesitaba usarlos un poco.

No disimulé mi enojo. No se trataba de un ser humano. No era un animal. ¿Qué era entonces? No había otra justificación para ella que “lo hice porque puedo y porque quiero”. No más. Me quité mis gafas y las puse sobre la mesa para después frotar mis ojos, el cansancio por la investigación y la cruzada para capturar a esta criatura me habían consumido totalmente, mi cerebro estaba aturdido y mi corazón hecho añicos. Ella rompió toda regla acordada y con sus manos esposadas tomó rápidamente mis gafas. Luego, sin romper el contacto visual conmigo, jugueteó con mis gafas de pasta negra entre sus dientes.

– Esperabas a un hombre, esperabas a un hombre blanco de 20 a 35 años. Probablemente un asesino organizado, pulcro en buena forma, con trabajo estable pero no bien remunerado, esposa, niños y por supuesto una oscura y turbia doble vida. Que probablemente haya tratado de entrar al ejército o haya estado en alguna profesión relacionada con el deseo de poder. Y sin embargo, te encontraste conmigo. Y no soy como las demás, yo uso mi inteligencia y mi fuerza, soy bastante… personal y física – me sonrió y se relamió los labios- yo no utilizo venenos, yo no asesino por dinero, yo lo hago como se dice…por amor al arte

– Pues chica lista, dejaste pistas que nos llevaron hacia ti, supongo que tu arte no es tan bueno.

– No me equivoqué, quería que me encontraran- replicó- quería que vieran, lo única, que soy. Lo especial, que cada uno de mis trabajos es meticuloso, que soy capaz de engañarlos a todos, que tardaron más de 2 años en encontrarme, por su afán de querer encerrar en pequeños frascos etiquetados a cuanta persona ven en las calles

En aquél momento decidí que había tenido lo suficiente, así que levanté y le di la espalda. Recordé que ella todavía sostenía mis gafas. Eché un vistazo, las traía puestas.

– Quédate con esas, no quiero tocarlas nunca jamás- y ella solo sonrió. – Pero antes de irme, te diré: no eres única, eres como todos los demás, solo quieres atención.

Y ahí la dejé, con su cara enrojecida por la furia contenida y con mis gafas de pasta puestas. Y yo me alejé con el pecho en llamas, las manos frías y la mente en blanco.

FIN