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Ojos de gato

Por: Kalashnikova el December 20, 2013

Tener un trabajo de oficina es lo más normal del universo, lo normal, esa palabra polisémica y problemática. Nadie se pone de acuerdo en qué es lo normal, pero si sabemos lo que significa la palabra hartazgo, lo mismo que la palabra hastío, que es la prima de la palabra “repetitivo”, adjetivo que designa a una acción que vuelve a ser ejecutada una y otra y otra vez.
Pues bien, este era uno de esos días en que Él se sentía harto de su trabajo repetitivo, el hastío de su trabajo de oficina “normal”. Ante  sus ojos se paseaban tablas sinuosas, ondulantes de tanto verlas una tras otra, una debajo de otra.
Bufó, un bufido como de toro, pero lo hacía porque sabía que estaba solo. Le había tocado quedarse tarde en la oficina por algunos errores cometidos por los nuevos del departamento, y él tenía que corregirlos porque si él no lo hacía, nadie lo haría. Ya daban las ocho de la noche y era de los pocos que tenían la llave del despacho. El silencio reinaba en aquella oficina, y la oscuridad también, pues solo su estación de trabajo estaba iluminada con una pequeña lámpara de escritorio. De vez en cuando el silencio era interrumpido por el sonido de la impresora y las hojas de papel entrando y saliendo de ella.

Miró una vez más el monitor de la computadora y vio como si las letras parpadeasen y temblasen. Se quitó sus gafas, frotó sus manos una con la otra hasta sentir calor y las colocó sobre sus ojos cerrados. Eso le alivió por unos momentos, y luego empezó a sentir ardor. Un ardor inexplicable que iba de su frente a los ojos. Se levantó y fue al sanitario, estando ahí se mojó toda la cara y la cabeza en el lavabo, después se dirigió al secador de manos automático. Se miró al espejo y vio a un tipo que no recordaba como él mismo.

Estaba más delgado y tenía círculos oscuros debajo de los ojos que parecían hundidos en la carne, tenía barba de días, y lucía desesperanzado. Su rostro anguloso por naturaleza, había acentuado esos ángulos al verse desprovisto de su anterior peso corporal sobrante.
“Uno se esfuerza, pero otros no lo valoran” dijo al sujeto del reflejo, a sí mismo. Había adquirido la costumbre de hablar consigo mismo pues, le relajaba, de cierto modo. Le ayudaba a pensar y a perderse un poco entre todos los pendientes que tenía, lo prefería a beber, era abstemio y no fumaba. Se arregló el cabello y lo peinó un poco con los dedos antes de salir y encaminarse a su estación de trabajo.
Cuando llegó, encontró un par de ojos de diferente color mirándole con curiosidad desde el escritorio. Él dio un paso hacia atrás mientras observaba a la criatura.
-Hola, te traje café, por favor, tómalo.-
– ¿¡Qué!?-
-Te traje café- dijo una vez más, en volumen más alto- por favor, tómalo.
– Ah… gracias- se acercó tímidamente y tomó la taza con manos temblorosas
La criatura parlanchina se paseó tranquilamente por el escritorio, cuidando de no pisar los papeles y las carpetas de color amarillo.  Luego, dio algunas vueltas en su lugar y se echó cómodamente.
-No tengas miedo, solo soy un gato- descansó su cabecita en sus patas delanteras.
– Un gato ¡que habla!- lo señaló con el dedo índice de su mano izquierda
-Es un gran mérito, me enseñé solito- dijo con orgullo- Bébelo
-¿Qué?
-El café, bébelo-
Él comenzó a beber de la taza de café mientras miraba los ojos amarillo y azul del gato bicolor. El gato se acercó a él, se pavoneó frente a sus ojos y luego frotó la cabeza en su mano. Él lo acarició.
– ¿Cómo es que estás aquí? ¿Cómo entraste?- preguntó mientras bebía de la taza.
– Soy un gato, puedo entrar y estar donde quiera y nadie me ve- el gato se echó patas arriba y enseñó su panza. Él sonrió y le hizo cosquillas, el gato ronroneó satisfecho.
– Es cierto, pero, aún no has contestado a mi pregunta ¿Cómo entraste?-
-¡Por un agujero!- maulló
El gato saltó hacia los hombros y con su cola le hizo cosquillas en la mejilla, luego volvió al escritorio y lo miró.

– Pareces triste ¿Qué te ocurre?- ladeó su cabeza
-Estoy cansado, he estado trabajando en esto, llenando unos datos, programando sistemas, haciendo estadísticas. Y me han dejado el peso del proyecto a mí- confesó, con una mano estiraba su cabellera castaña.
– No hagas eso, luego te quedarás calvo- el gato lamía sus patitas- mira, yo vine aquí a enseñarte un camino más sencillo para que puedas terminar con todos tu pendientes- Bébete el café, por favor.
Él seguía tomando el café, estaba hablando con un gato y se sentía relajado. ¿Pero qué le estaba ocurriendo? ¿a caso estaba perdiendo la cordura? Miró su lista de pendientes y se dio cuenta de que le faltaba la mitad. Luego observo al gato pardo y sus ojos de diferente color mientras se terminaba el café.
-¡Fondo!- maulló el gato.
Y de repente el piso comenzó a sentirse como gelatina, y las baldosas empezaron a moverse ondeantes. La decoración de las paredes empezó a despegarse, a flotar alrededor de su cabeza, las pequeñas mariposas del papel tapiz salieron volando hacia los ductos de aire acondicionado. Las luces de la oficina se encendieron y parpadeaban intermitentes en los colores del arcoiris.
-Mírame, mírame a los ojos- dijo el gato y Él obedeció.
Los ojos se iluminaron como dos faros fluorescentes, sus grandes pupilas danzaban en ese rostro gatuno,inocente, tierno. Y así estuvieron un buen rato, mientras el caos le quitó el trono a la oscuridad en esa oficina.
-Debes saber… debes saber que por medio de la mirada de nosotros, los gatos, puedes entrar a otra dimensión, a otro plano, sígueme, y ven conmigo hacia la felicidad eterna, la felicidad infinita. Nosotros los gatos, somos los seres perfectos, podemos desdoblar nuestro espíritu, podemos ayudarte a entrar a otro tiempo y espacio, ven. El gato se levantó y se abrió de inmediato un portal cerca de la ventana. Un portal al que le rodeaba un haz de luz y del cual salían pequeños rayos eléctricos. En su interior se apreciaba un mundo lleno de color, donde el suelo eran nubes y el cielo no tenía fin; donde había tres soles y tres lunas en el cielo, los árboles eran enormes, la comida era infinita y el agua también. No había ni una sola oficina a la vista.

– Esto es el paraíso, es tu paraíso, ven conmigo- El gato saltó para atravesar el portal.
Él arrojó la taza de café al suelo con fuerza y estalló en pedacitos pequeños que de inmediato se alzaron en el aire. Entonces tomó distancia y comenzó una carrera hacia el portal, lo atravezó de un salto, tal y como lo hizo el gato.  Sintió como si toda su humanidad hubiera sido succionada por medio de un tubo gigante, un tubo gigante lleno de colores y luces que lo llevaría a un lugar mejor. Echó un vistazo hacia atrás y le dijo adiós para siempre a la oficina.

En unas cuantas horas podía verse un gentío como enjambre de abejas a los pies de un complejo de oficinas. Los forenses cerraron la bolsa para cadáveres y lo colocaron dentro de la camioneta. La cinta de seguridad resguardaba la sangrienta escena de los restos de humanidad que quedaron bien pegados al asfalto. Algunos de esos curiosos eran otras personas que trabajaban ahí.
-Yo lo ví, yo lo ví cuando saltó-
– ¿Saltó? vaya, y yo pensaba “se veía tan normal”.
– Si, ¿verdad?.

A una distancia prudente, un gato pardo de ojos de diferente color observaba la escena con curiosidad, maulló y se esfumó entre las sombras nocturnas.

Nota de la autora: Un cuento corto para todos ustedes. Extrañamente inspirado por Yahoo! respuestas donde preguntaban acerca de por qué los gatos se quedaban viendo fijamente.