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Enthris. Capítulo V

Por: Kalashnikova el February 19, 2014
lobos

Lobos

El leve ronroneo proveniente del motor de la nave despertó de una vez por todas a Cécile de su sueño intermitente, entre sus manos sostuvo su rostro y respiró hondo. Por el espacio entre sus dedos pudo ver cómo sus compañeros se desperezaban mientras daban un sonoro bostezo y golpeaban sus propias mejillas para volver en sí. Había sido un viaje largo e incómodo, los músculos de su espalda se sentían como nudos tensos y prácticamente sólo había abandonado una que otra vez su lugar para ir al baño.

— ¡Pelotón, ajústense los cinturones! aterrizaremos en cinco minutos— advirtió el líder del grupo con un grito parecido a un gruñido

 

Mientras escuchaba el sonido metálico de los arneses y cinturones cerrándose, Cécile observó las tres estrellas que pinchaban su cazadora y las insignias tornasol que le conferían el rango de segundo al mando del nuevo pelotón B-06.  No le agradaba en absoluto ser segunda al mando, tenía la sensación de que el líder del pelotón era menos experimentado que ella y corría el secreto a voces de que la única cosa que el Oficial Walker, su superior, había hecho para terminar como líder fue besar el culo correcto.

— ¡Aterrizamos en tres minutos! ¡Ya no hay marcha atrás! ¡Demuestren ese orgullo de Legionario!— gritaba Walker mientras se sentaba derecho y sacaba el pecho en una pose artificiosa de bravura.

El piloto de la nave activó la cuenta regresiva en el holograma en la puerta de la cabina para que los militares pudieran verla. Inmediatamente todos sintieron la pesadez del descenso mientras el Oficial Walker seguía anunciando de memoria y a gritos las frases que le parecían más apropiadas para motivar al grupo. Cécile rodó los ojos e hizo un mohín desdeñoso que no pasó desapercibido por los ojos verdes brillantes del soldado León Jenner, quien se encontraba frente a ella, el cual le hizo una seña solidaria con la mano, que acompañó con una amplia sonrisa.

“10, 9, 8…”

— ¡Para algunos de ustedes, esta es será su primera misión!

“7, 6, 5…”

— ¡Otros, ya nos hemos visto las caras!— echó una mirada desdeñosa a Lorccan.

“4, 3, 2…”

— ¡Pero recuerden que todos somos camaradas! ¡Todos somos la Operaciones Especiales! ¡Somos leones rampantes!—

Walker en su agitación olvidó que traía puesto el cinturón de seguridad y trató de levantarse alzando el puño para continuar con su discurso motivacional cuando en ese mismo momento la nave aterrizó estrepitosamente, la fuerza lo haló hacia abajo cayendo espatarrado en su asiento. Los demás soldados esbozaron una leve sonrisa, Cécile permanecía estoica.

Azorado, el jefe de pelotón se desabrochó el cinturón de seguridad y se puso en pie lo más rápidamente posible para salvaguardar la poca dignidad que le quedaba. Con su porte militar, con la espalda erguida y sacando el pecho se dirigió a los soldados.

— Señores y señoritas, hemos llegado. Prepárense, salgamos todos de la nave. — el jefe de pelotón Walker presionó el botón de su auricular de combate— Subteniente Ybanez, puede abrir la puerta.

Ybanez en la cabina presionó el botón y la puerta se abrió. Automáticamente se desplegó una rampa hasta el suelo. Uno a uno los soldados fueron descendiendo. Al tocar tierra firme Walker se plantó frente a los veintiséis hombres y mujeres, carraspeó enérgicamente y gritó la orden de firmes.

— Soldados, esto es Enthris. La prisión de más alta seguridad y con mejor infraestructura jamás vista. En esta isla está solamente el penal masculino, el femenino se encuentra en la Isla Sinthris separada por setecientas millas náuticas. Nosotros estamos aquí para supervisar a los guardias y salvaguardar el perímetro. Así como monitorear actividades sospechosas. Quiero cero accidentes y cero fugas ¿Queda claro? ¡Marchen!

Marcando el paso, Walker se dirigió hacia un camino de terracería junto con su pelotón. Cécile iba a su lado, le miraba de reojo de cuando en cuando. Sintió que alguien golpeaba su hombro levemente, volvió la cabeza para encontrarse con un la cara morena tostada de Aldo Volpi, otro de sus grandes camaradas.

— Oficial Walker, señor — pidió la palabra un joven soldado

— Soldado Vann

Cécile entrecerró los ojos al escuchar la voz del Oficial, ¿qué se creía? le molestaba que el tal Walker con sus grados de oropel le hablara a sus soldados por encima del hombro, no era la forma usual de imponer autoridad de un militar, el desprecio se podía sentir en cada una de las palabras su boca escupía. Una cosa eran los rangos, pero otra pasar por encima de los demás.

— ¿Hacia dónde nos dirigimos?

— Nos dirigimos hacia nuestras viviendas asignadas. Estaremos en dos torres: Domus I y Domus II. Se encuentran a dos kilómetros de la prisión Enthris, este camino nos llevará. Nuestros turnos empiezan a las quinientas horas, el transporte nos espera a las seiscientas horas para llegar a la prisión o a las costas según el rol asignado.

— Tenemos que esperar el transporte aquí— interrumpió Cécile y Walker le dirigió una mirada severa

El pelotón paró, los oficiales ordenaron el descanso y romper filas. Cécile se quitó el casco, con la manga de su uniforme se limpió el sudor de la frente y sacudió su cabello a la manera de los perros.

Enthris era una isla con un clima extremoso sin duda alguna.

— Oficial Lorccan…

— Diga, soldado

— ¿Cómo estará distribuida cada una de las misiones y tareas?

Cécile Lorccan se dirigió al frente del pelotón, al lado de Walker.  Mirando a todos, carraspeó para llamar su atención. Veintiséis pares de ojos se posaron sobre ella.

— Como sabrán, ahora hemos llegado a la Isla Enthris, un pedazo de tierra flotante donde existe una prisión en la cual hay un área de máxima seguridad, todos nosotros hemos oído hablar de ella desde hace poco tiempo. A su vez, hemos estado recibiendo reportes sobre posible actividad ilícita de los internos, como extorsión, venta de drogas y uno que otro estallido de violencia entre ellos; así como intentos de fuga, o más bien, conspiraciones entre los mismos prisioneros que no pasan de amenazas a los celadores. Sin embargo, han sido catalogados como una amenaza preocupante debido a la naturaleza de algunos de los reclusos. Incluso se sospecha que tienen conexiones, de alguna forma, con células del crimen organizado. Nosotros estamos aquí para impedir esa clase de comportamiento y para reportar las actividades sospechosas al encargado al Director General de Enthris y al Estado.

Los demás soldados escuchaban atentamente cuando Walker se interpuso entre Lorccan y el pelotón, colocó las manos detrás de su espalda y tomó el hilo.

— El rol es este: De los veintiséis soldados trece estarán a mi cargo y los otros trece estarán a cargo de… de…— miró sin disimular, la insignia de identidad de su compañera— La Oficial Lorccan, la segunda al mando en esta operación. Mis trece soldados se encargarán de patrullar Enthris; los soldados de Lorccan tomarán el control interno del penal. ¿Estamos bien? ¡Vamos, de la mitad hacia la derecha, ustedes trece vienen conmigo!

Lorccan trató de restarle importancia, sin embargo no pudo evitar tensar la mandíbula ante la actitud impertinente de Gideon Charles Walker. Éste le sonrió mostrando su blanca dentadura de incisivos separados. Ella respiró hondo para guardar compostura.

Aldo estaba a punto de desternillarse de la risa, sabía muy bien del antagonismo de Cécile hacia Gideon Walker. León rodó los ojos, sabía que su colega estaba haciendo su máximo esfuerzo para hacer oídos sordos y evitar confrontaciones. Aunque ella no era fácil de tratar, debido a su costumbre de ser una persona privada y cautelosa, algo era seguro, una vez dentro de su círculo íntimo, Cécile te consideraba un camarada más, un hermano. La rutina diaria entre los tres era una guerra de chistes y bromas punzantes, a la que, naturalmente ya estaban acostumbrados.

— Oye, León, creo que Cecé y Charly deberían besarse para romper la tensión— comentó Volpi por lo bajo, pero con el suficiente volumen para que Cécile pudiera escucharlos

— Guarden silencio— sentenció Lorccan.

León, Aldo y Cécile conocían a Walker desde que eran cadetes en la Academia de la Legión de la Federación, siempre se distinguió por ser uno de los hombres más atléticos y ordenadamente mecánicos; obedeciendo mandatos como un autómata, aunque más exigente con los demás que consigo mismo. La Rivalidad entre Walker y Cécile se gestó en el examen final del primer ciclo en la Academia: Estrategia y Operaciones. Walker era un hombre de acción fuerte, y excelente en combate; sin embargo, Cécile era una ágil, talentosa estratega y todavía mejor francotiradora.

El día de la prueba, un equipo de cadetes ataviados con fotosensores amarillos en el pecho y el otro con fotosensores azules tenía que recuperar una bandera del color correspondiente al de su equipo. El objetivo consistía en seguir la estrategia diseñada y “sobrevivir” a los disparos de cadetes avanzados que harían el rol de “enemigos”; cuando disparaban con sus pistolas de luz roja hacia los fotosensores estos se tornaban anaranjados o morados según el caso, indicando la muerte del cadete. Aquello fue una masacre, por cada cadete “muerto” restaban diez puntos al equipo, sin embargo el equipo vencedor sería quien recuperara la bandera. Así Walker mandó la estrategia de Lorccan al carajo. Salió solo a recuperar la bandera y justo cuando regresaba, uno de los enemigos disparó, Cécile tuvo que interceptar el disparo, ya que si dejaba morir a Walker, entonces la bandera caería al suelo y el examen sería suspendido. Al final no hubo sanción para el cadete Walker por arriesgar a su equipo y se cubrió de gloria pues la bandera había llegado sana y salva; nadie reconoció el sacrificio de los demás. Ese día Walker aprendería una atroz lección: El fin justifica los métodos Y Cécile pasó esa noche rumiando su frustración. Desde hacía seis años Walker seguía siendo el mismo niño mimado y terrible que Lorccan conoció en la Academia, los mismos ojos azules fríos, la misma altivez y la misma costumbre de usar su uniforme, y no los hechos, para hacer valer su autoridad.

Dos vehículos todo terreno se estacionaron frente al pelotón. Sin perder un minuto más, el Oficial Walker ordenó a su equipo subir al vehículo marcado como E-01; Lorccan coordinó el ascenso del suyo al vehículo E-02. La siguiente parada serían Domus I y II, en correspondencia con los vehículos tripulados.

Las máquinas avanzaban lo más rápido que podían sobre los escarpados terrenos de Enthris. Dentro, el calor era insoportable, pues el diseño e ingeniería de los carros había sacrificado la comodidad por la practicidad. Cécile y otros compañeros decidieron quitarse los cascos para evitar sofocarse dentro del vientre de aquel monstruo de metal. Después de un viaje por diversos tipos de terreno desde tierra suave fértil hasta pendientes peligrosas llegaron por fin a Domus.

Las torres Domus I y II eran dos edificios enormes de ciento ochenta metros de alto cada uno, situados en la parte más alta de Enthris para facilitar la vigilancia. De acuerdo a los datos proporcionados por los directivos, antes de que la Legión de la Federación enviara su mejor pelotón de Operaciones Especiales a la isla, los exteriores de Domus estaban cubiertos por capas de metal y las ventanas, de doble vista, tenían un diseño que lo hacía impenetrables por las balas y a los láseres. Vasta vegetación rodeaba el complejo de viviendas, así como también lo hacían estatuas alegóricas al progreso de la humanidad y al valor de los soldados. Una en particular, usado como punto de referencia por los trabajadores en Enthris, era la de un soldado cargando un arma y mirando desafiante un dragón de dos cabezas.

No sólo había habitaciones para los recién llegados, el encargado de guiarlos informó que ahí vivían los custodios de la prisión, científicos, médicos, otros militares de alto rango y en los pisos de niveles más elevado estaban las habitaciones donde se hospedaban políticos y empresarios que acostumbraban visitar la isla con motivos de hacer relaciones públicas que les beneficiaran en la búsqueda de un ascenso o en una campaña política. Era una ciudad condensada en dos edificios. Aquel monstruoso complejo de viviendas tenía todo para mimar a la gente que trabajaba en la isla.

El pelotón entró al lobby del complejo. Tendría que tener, por lo menos, tres o cuatro veces el tamaño de las barracas legionarias. En el reluciente piso de mármol, en medio de un par de grandes escaleras, estaba el logo de Parabellum Security Corp. Murmullos de asombro no se hicieron esperar mientras Cécile Lorccan, Gideon Walker y los demás soldados esperaban órdenes del oficial guía.

Algunos minutos después las grandes puertas metálicas se deslizaron automáticamente y al recibidor entró un hombre de edad madura vestido con un traje de tres piezas, portaba unos quevedos de oro y un par de gemelos con pequeñas piedras preciosas resplandecientes en los puños de su prístina camisa blanca. Detrás de él, así como a sus costados, había varios soldados con uniforme de combate.

El caballero colocó su dedo índice en la solapa de su traje para encender lo que parecía un pequeño interruptor, alzó los brazos frente al pelotón y comenzó a hablar con voz potente y grave que resonó en la gran habitación.

— ¡Legionarios de Operaciones Especiales! Mi nombre es William Theodore Weber, Vicepresidente de Parabellum Security Corp. Bienvenidos sean a Enthris, nuestro proyecto más ambicioso. Domus I y II son ahora sus hogares, esperamos de ustedes fidelidad y entrega, porque sabemos que son los mejores. Como imagino tendrán conocimiento, debido a las nuevas disposiciones Estatales, las prisiones de máxima seguridad fueron cedidas a la iniciativa privada. Parabellum con su gran experiencia, ganó el derecho vía concurso para administrar estos centros penitenciarios. Para hacer su estancia más cómoda, nos complacemos en hospedar a la Gloriosa Legión de Combatientes de Operaciones Especiales en el complejo Domus.

Ésta, su nueva casa, se encuentra equipada con toda clase de comodidades como un gimnasio, piscina, campo de tiro y un salón de ocio y eventos. Además existe un café, ocho bares, dos cafeterías, un espacioso comedor y algunas tiendas especiales de electrónicos atendidas, por supuesto ,por jóvenes que algún día tienen planeado decantarse por las opciones que Parabellum tiene para ellos en sus departamentos del sector seguridad y protección.

Parabellum Security Corp les da la bienvenida a los héroes de nuestra tierra. ¡Bienvenidos sean!—

Aldo, Cécile y León se miraron entre sí. No podían creerlo, cuantos mimos y consideraciones para un puñado de soldados. De cualquier forma, estaban aliviados de poder esta vez, pegar ojo toda la noche entera.

El lobby estalló en aplausos tanto de legionarios como de personal de la isla y mientras regresaba el silencio, dos mujeres con traje gris de oficina y corbata roja se pararon frente a los soldados. La más joven, de cabellos negros, ojos oscuros grandes y sonrisa totalmente estudiada se colocó a un lado de Cécile Lorccan; la otra joven, menuda, de cabello castaño y ojos azules se dirigió hacia Walker quien le sonrió de medio lado y le guiñó un ojo, para luego con rodearla por la cintura con un brazo. Cécile frunció el ceño, León sonrió divertido.

— ¿Qué ocurre, Cecé? ¿estás celosa?— Le dijo León al oído

— Sabes lo que opina la Legión de eso pero… en fin…

— Queridos soldados. — Anunció una hermosa voz, perteneciente a una alta y atractiva mujer que lucía como una ejecutiva— Seremos las encargadas de llevarlos a sus respectivos edificios, donde encontrarán su uniforme de gala en el armario. En dos horas tendremos una cena de bienvenida. Soy Sara, y mi compañera se llama María. Yo guiaré al equipo de la Oficial Cécile Lorccan a Domus II y por ende, María guiará al Oficial Walker y a su equipo al Domus I.

Las dos mujeres y el pelotón emprendieron su retirada. Para llegar a sus habitaciones atravesaron un enorme jardín lleno de flores con una fuente cuyas esculturas principales eran imponentes representaciones de caballeros peleando contra dragones bicéfalos. Una vez en su habitación, que era más bien pequeña, más sin embargo individual por ser Oficial responsable de un equipo.

Lo primero que atrajo su atención fue la cama, sin dudarlo, se tiró encima y por poco y quedaba convencida de que aquél colchón era un trozo de nube que alguien había puesto en la habitación, acarició las sábanas con sus dos manos y sonrió. “Qué suerte, ¿Quién iba a pensar que estos de Parabellum nos iban a alojar en un maldito palacio?”

En algunas ocasiones, cuando no estaban en combate y podía dejar su mente suelta, a vagar entre sus pensamientos, extrañaba la privacidad de una habitación y dormir en una cama como se hace en la civilización; en cambio, solía dormir una tienda de campaña, o en una madriguera hecha por ella misma. A pesar de haber buenos y malos momentos junto a sus camaradas sobreviviendo con la bendición de la diosa fortuna en el campo de batalla, descansar tan sólo una noche sin cuidarse las espaldas era como unas vacaciones todo pagado para un Operaciones Especiales.

Mirando al techo suspiró. En ese momento pensó en su familia, hacía meses que no recibía noticias de ellos, pero tampoco ellos recibían noticias de ella, pues no había podido escribirles. Lo último que supo, en la voz entusiasmada y en tiempo real de su madre fue que, su hermano menor había comenzado a estudiar abogacía y su hermana, una ingeniería. Sonrío, su plan de vida era ver los sueños de sus hermanos cristalizándose poco a poco.

“Bueno, basta ya”. Lorccan se desvistió y entró en la ducha. Después de eones, su piel volvía a tocar el agua tibia. Aspiró el aroma del jabón y el shampoo mientras su cuerpo se cubría de espuma. “Quisiera quedarme todo el día en la ducha y no salir”, pensó.

Al salir, se echó encima una suave bata de baño que tenía el logo de Parabellum y presionó un botón azul empotrado en la pared; ésta se abrió para dejar al descubierto el armario. Ahí estaba el traje de chaqueta, corbatín y falda larga que la Legión tenía reservado para ceremonias de promoción, bailes y eventos de Estado. Lo tomó con cuidado y mientras se vestía observó que, prendidas a un lado de la solapa estaban sus tres medallas y otras condecoraciones. A pesar de que se había unido al ejército por necesidad y algo de hambre por ver mundo, las condecoraciones le hacían sentir bien, era una cuestión de simple y primitivo ego.

Un golpeteo insistente en la puerta le haló hacia el presente.

— ¡Cecé!, soy Aldo

Cécile se levantó y abrió la puerta, en efecto, sus dos amigos estaban afuera, igualmente en sus trajes de gala. Estaba contenta de compartir la misión con ellos, sus únicos amigos verdaderos en la Legión. En sus tiempos de cadetes solían llamarse lobos, y como esos animales, solitarios, temidos y admirados al mismo tiempo.  Aunque no hacían buenos amigos con los otros, en especial con el séquito de Walker, no rehuían al espíritu de equipo y peleaban como uno solo en su debido momento.

— Oye, si me permites decirlo, te ves muy bien— Cécile, al escuchar las palabras de su colega Volpi, asintió con la cabeza agradeciendo así el halago.

— ¿Ya viste que tenemos una piscina olímpica? ¿y un gimnasio más grande que las barracas de la Legión? El comedor y la comida, es lo más bello que he visto en varios años, con un demonio. Es tan perfecto — Había dos amores en la vida de León Jenner: su familia y la comida.

— No puede ser perfecto si en esta misión está Walker, ¿verdad, Cecé?— ella hizo una mueca y Aldo Volpi se dobló de la risa — a veces eres un libro abierto, cuando menciono a Walker parece que te da urticaria.

— Pertenezco a la Legión y hasta donde sé, también el Oficial Charles Walker. Un camarada es un camarada— dijo ella, poniendo fin al pasatiempo favorito de Volpi: retar a su paciencia.

En fin, no me quiero acostumbrar a esto, sé que nos pueden enviar a combate en cualquier momento y lloraré la pérdida— rió León, queriendo aligerar el tenso ambiente.

— Lo sé, un techo y una cama de verdad en la cual dormir, en este momento no los cambiaría por nada— ella rodó los ojos.

— Yo sí, por una novia

— Afortunadamente tengo alguien especial esperándome en casa— La sonrisa de León no cabía en su rostro.

— Y Lorccan también, yo soy el único soltero del grupo, ¿no?

— Ya no más — Cécile los interrumpió

— ¡No! ¿y eso?— los hombres le miraron sorprendidos.

— Cuento largo corto, se cansó de esperar— Mirando hacia otro lado fingiendo desinterés, Lorccan balanceaba su peso de un pie a otro.

— ¡Oh! ¡vamos! ¡por favor!— Dijeron León y Aldo al unísono.

— Eso me dijo, pero yo también me he cansado de esperar, prefiero tener noticias de mi familia y no pensar en tonterías. Tabula rasa, eso es.

— Bueno, eh, vamos por unos cigarrillos antes de la cena. Traigo una ansiedad horrible.

— Ya he dejado esa mierda— ella se cruzó de brazos.

— ¿ y fue por tu propia decisión? o… — Aldo alzó ambas cejas y su frente se arrugó como una pequeña escalera al tiempo que acariciaba su barba.

— Bah, si lo hice por alguno de mis ex, no es así. No debí haber empezado a fumar cuando entré a combatir en primer lugar, pero todos lo hacían… yo solo quería sentirme importante— una sonrisa socarrona se dibujó en la faz de la capitán.

Los tres rieron mientras iba camino al comedor, y después, empezarían su primera misión como en Enthris. Sus corazones rebosaban de felicidad momentánea. Amigos, hasta el fin, en las misiones. La única manera de que su amistad pereciera, sería con la caída de cada uno de ellos, no más.