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Catalepsia

Por: Kalashnikova el December 20, 2013

–¡No vas a creer lo que pasó anteayer!– me dijo con emoción en su voz, aunque más bien no supe que clase de emoción había sido
– ¿Qué te pasó antier? – pregunté secamente
–Ah, pues si no quieres saber, no te cuento– cruzó sus brazos y me miró indignado
–Pues no me cuentes– le contesté, pero yo sabía que se moría por contarme lo que sea que le había pasado anteayer, la noche de Halloween.
– Da igual, te lo voy a contar– sonrió y los movimientos de sus manos empezaron a fluir como si fuera un torrente de energía.
Estaba yo haciendo lo que usualmente hago, ya todos se habían ido a casa, pero decidí quedarme un poco más a cuidar que todo estuviera en su lugar, si no lo hago, sacan todas mis chivas a la calle y me dan una patada en el c… bueno total estaba yo haciendo lo que usualmente hago cuando de pronto sentí que se me había olvidado algo, y tu sabes que cuando se me olvida algo me da una sensación horrible aquí –y dijo esto golpeando dos veces su pecho, como cuando vas a la iglesia y dices el ‘yo pecador’– revisé cada puerta, tu sabes, que estuviera cerrada y cuando llegué a donde guardan a los muertitos sentí como cuando vas bien rápido y de bajadita en el carro. Ya se que siempre me dices que hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos, pero es que a mí me da un no se qué al pensar en ellos, en fin, descubrí que no todos se habían ido a casa y que ahí estaba el vato este, el que te digo que a medio mundo le cae mal, bueno no es que caiga mal, sino que es raro. – él seguía parloteando y yo escuchando atentamente, se lo hacía saber haciendo unos leves movimientos para asentir procurando que prosiguiera con su relato- pues el vato me miró y con esos ojos hundidos como de pescado asfixiado me dijo: ya casi me voy, solo me falta este. tomó un ataúd de esos que usamos para darles su “pasaje” al cliente, con el cliente dentro y que lo pone en la banda esa de tracción. El ataúd solito se fue “caminando” y yo volví a sentir cosas raras, cuando me di cuenta de que me andaba del uno, así que fui y de repente mi mente como que se apagó del susto, o no se, pero para cuando regresé el vatillo ese ya se había ido.
–¿Y dejó el aparato funcionando?–
–Sí, así lo dejó, y yo en la babosa como siempre, seguí asegurando todo el lugar, puertas, ventanas, etecé etecé. Cuando estaba asegurando el cuarto de los muertos, y empezó a oler a madera quemada, se oyeron unos golpes. Pau, pau, pau, asi bien fuertes, y también se escucharon mentadas y maldiciones.
-¿Qué, qué? , pero si dijiste que el raro ya se había ido para su casa-
–Y así era, pero el ruido seguía. “¡hijos de su reputamadre sáquenme de aquí!” “¡No!, ¡no! dios mío, sálvame, te prometo no seguir evadiendo impuestos, por favor, haz que se detenga esta agonía” ” Me voy, mundo cruel, pero antes ¡Coman mierda, mucha mierda! y jódanse todos”
– ¿Pero qué?– mi asombro fue mayúsculo
– Sí, eso fue lo que dije y casi me daba el ataque. Quise investigar que había sido, pero el horno no se puede apagar una vez que empieza a oler a carne quemada. – frunció el entrecejo – Lo que hice fue tomar mis cosas y huir como pollo descabezado.
– Vaya tipo
– Ah pues hubieras estado ahí, seguro harías lo mismo. Más vale decir aquí corrió que aquí murió
–¿Pero al final, supiste que onda?
–Nada, bueno, lo único que se me hizo extraño es que el vatillo raro ese ya no regresó a trabajar; pero tampoco el gordo del jefe-