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Camila

Por: Kalashnikova el December 20, 2013

Camila se sentía sola. Simplemente así era, a pesar de su estabilidad laboral y de tener una familia comprensiva siempre dispuesta a darle una mano cuando lo necesitaba… se sentía sola. Camila sabía que era guapa, nadie tenía que decírselo. Camila no solo era guapa era guapísima, por dentro y por fuera. Camila era uno de esos seres como surgidos de las fantasías de otras personas solas como ella.

Mientras bajaba por la calle, sentía los ojos de los demás posarse sobre su cara, sobre su torso, sobre sus piernas. Ojos curiosos, ojos hambrientos, ojos masculinos que le desvestían, ojos femeninos que le admiraban con resquicios de envidia, y viceversa. Camila era considerada, era gentil y atenta; pero también era una mujer enfocada a su trabajo y con la idea del progreso siempre presente en su mente. Pareciese como si un día alguna dedidad hubiera decidido hacer un regalo a la podredumbre de humanidad y plantado a Camila entre la vorágine del homo sapiens común y corriente.

Pero Camila se sentía sola. Pretendientes no le faltaban, amigos no le faltaban. Pero si todos esos pretendientes y amigos no alcanzaban a entablar con ella una conexión mental e intelectual profunda, se aburría y no le quedaban ganas de volver a salir con ellos. Triste, y cruel, pero era completamente real, eso sentía y no podía hacer nada para cambiarlo. Camila no quería que se atrevieran a enamorar primero su cuerpo antes que a su mente.

Así, una noche después de torturar su cerebro con cavilaciones acerca de su probablemente y próximo perenne estado de soltería abrió su computadora portátil y  después de ir de url tras url encontró un foro donde gente probablemente sola y aburrida como ella intercambiaba palabras encadenadas en hermosas composiciones literarias. Quedó fascinada con el foro de “Poesía y prosa en movimiento”, pero quien más le fascinó fue un usuario de un nombre compuesto por una letra y un número: X98.

Se leyó 20 de 100 escritos, entre poesías y prosa. Textos cortos y largos en una entrega o varias. Pero siempre escritos que le hacían soñar y su corazón se sentía vibrar con cada una de las letras bellamente encadenadas en palabras delicadas, palabras terribles, palabras intensas que le hacían perder el sueño. Aquel Jueves se armó de valor y le agregó a su mensajero instantáneo.

“Hola”
“Hola…”
“Ejem.. bueno, lo que pasa es que me he atrevido a contactarte, espero que no te moleste”
“No me molesta, me extraña. ¿A qué se debe el honor de conocerte?”
“¿Por qué te extraña? Con esas hermosas palabras una tras otra, eso que escribes, debes tener bastantes solicitudes de amistad”
“Bueno, sí y no. Supongo que no lleno las expectativas de la gente“
“Oh, no digas eso. Adoro como escribes, me anima mucho. Todo lo que escribes es maravilloso.”
“Yo no soy de este mundo, no soy de ninguno”
“Pues dirás lo que quieras pero me fascinaría saber quien es el hombre detrás de X98″
“Es que…no soy un hombre”
“Ah… bueno, tampoco es que esté restringida de ningún modo. Tu mente es hermosa. Siendo así no me importaría salir con una mujer”
“Lo que pasa es que tampoco soy una mujer…”
“¿Qué quieres decir? No te preocupes yo no soy una persona que tenga la mente cerrada. Ya te he dicho que lo que me gusta de ti es tu mente. Lo que piensas, como te expresas, me siento inevitablemente atraída hacia ti”
“No creo que sea buena idea esto…”
“Ya te lo he dicho, quiero verte”

Y así Camila, esa mujer etérea e inalcanzable rogaba una oportunidad de poner un nombre, una voz y un rostro a un conjunto de palabras bellas. Tenacidad era otra de sus cualidades, y con esa tenacidad y paciencia había logrado convencer X98 de quedar en un lugar. Ese día se levantó más temprano de lo habitual y mientras se alistaba no dejaba de pensar en la última composición de X98, de una sensibilidad impresionante había logrado sacarle unas cuantas lágrimas. Sabía que tenía que conocerle.

Llegó a las dos con cuarenta y cinco, quince minutos antes. Y se sentó a esperar en la terraza del café “Estambul”. Le gustaba aquel lugar porque a diferencia de las cadenas de cafeterías que te venden la apariencia del local y el wifi en vez del café, Estambul si que vendía café. Y pastelillos. Pronto el encargado llegó con la orden de Camila, ella salió de su ensoñación pensando que era X98, y su rostro trató de no transofrmar su gesto de felicidad en uno de leve decepción. Así pasó media hora, y luego sin que Camila se diera cuenta ya había pasado una, a las dos horas toda esperanza se esfumó y más indignada que con el corazón roto se marchó a su casa. Sola.

Cuando llegó a casa se desmaquilló, se quitó los broches que sujetaban su cabello y se lo alborotó pasando su mano derecha entre su melena oscura; se cambió la ropa que le hacía lucir más atractiva todavía por su ropa holgada de fin de semana aburrido en casa. Suspiró y se dirigió a la cocina donde tomó una taza grande de cerámica y se sirvió café recalentado y cargado. ¿Es que había algo de malo en ella? ¿por qué x98 no había ido? Había dejado en claro que no le importaba cómo era sino como pensaba. Le preguntaría directamente.

Camila frunció el seño al iniciar sesión en su cuenta de mensajero instantáneo y encontrar a X98 conectado y disponible.

“¿Por qué no estuviste ahi?”
“Lo sé, se que estás enfadada, pero no sabía como decirte esto, pero yo no puedo estar mucho tiempo fuera de casa”
“…”
“Espera”
“Te lo dejé muy claro. Quiero conocerte. ¿tu no a mí?”
“Espera”
“¿Ahora qué?.”
“Tengo un problema y no puedo salir de mi casa. Me daba vergüenza hacértelo saber.”

Camila releyó dos veces antes de responder.

“¿Es un problema físico? Ya te dije lo que pienso sobre eso”
“Es otro tipo de inconveniente”
“¿Entonces nunca podré conocerte?”
“No… sí, espera. ¿Puedes venir?. Hoy”
“¿Hoy?”

Meditó un minuto exacto su próxima respuesta. ¿Y qué si le plantaba de nuevo? No estaba segura si sentía el dolor de la indiferencia o indignación por una promesa incumplida. Tal vez sólo estaba siendo egocéntrica. Puso sus dedos sobre el teclado y empezó a golpear suavemente las teclas.

“Sí, sí puedo”
“Bueno… te espero aquí. No pienso ir a ningún lado hasta que llegues”
“De acuerdo, dame tu direccion y ahí me tienes en una hora”.

X98 escribió su dirección en la ventana del mensajero. Camila por primera vez sintió algo raro, un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Era inexplicable, pero pensó que era simplemente algo de emoción e impaciencia. Aquellas palabras le habían enjugado el sentimiento de indignación y lo habían remplazado por algo de nerviosismo e impaciencia. Tomó una libreta y escribió esa dirección en ella, luego arrancó la hoja y la guardó en su bolso. Ahora tenía que alistarse de nuevo.

Media hora más tarde estaba ya camino a casa de X98. Antes de partir se miró en el espejo y retocó su lápiz labial rojo.Tomó su bolso y salió a paso apresurado. Sacó el papel y lo desdobló para corroborar la dirección, estaba a veinte minutos de su casa aproximadamente. Para llegar tenía que cruzar un puente, tomar el transporte público y bajar en la tercera parada. Luego de bajar en esa para tendría que caminar cuatro calles abajo y girar a la derecha. Mientras sus pies se movían uno tras otro, iba meditando las circunstancias que le llevaron a conocer a X98. ¿Si no se hubiera aburrido de todas esos hombres con los que había salido probablemente no hubiera conocido a X98, si no se hubiera metido al Foro de Amigos de la Expresión Literaria tampoco lo hubiera conocido, si no hubiera leído sus hermoso escritos jamás se le hubiera antojado conocerle. ¿Qué clase de persona escribía tan bellamente, parecía tener un conocimiento profundo de la vida en esta Tierra y sin embargo estaba tan sola?. Los dos estaban solos, eso era verdad. Tal vez se necesitaban uno a otro.

Por fin llegó. X98 vivía ahí, en una casa de tamaño regular y aspecto normal, más bien ordinario. Un aspecto y un diseño como cualquier otro como hecho en serie. Miró hacia ambos lados de la calle y se dio cuenta de que estaba tan vacía que cualquier cosa que dejara caer al pavimento seguramente haría eco. Le empezaron a sudar las manos, estaba nerviosa, pero también sentía emoción. Respiró hondo y tocó el timbre al lado de la puerta… nada. Volvió a tocarlo, no hubo respuesta; tocó tres veces, tampoco. Decidió dar vuelta a la perilla y para su sorpresa estaba abierta, entró sin más.

Una vez adentro sus ojos tardaron en acostumbrarse a la penumbra, una vez que esto sucedió empezó a inspeccionar el lugar con la vista. No quiso encender la luz por temor a parecer una persona falta de educación, así que mientras caminaba por el recibidor observó los cuadros colgados en la pared. Eran todos de lugares que para ella eran desconocidos, no se trataba de fotos de monumentos ni grandes capitales turísticas, parecían ser fragmentos de su misma ciudad. Era como si hubieran hecho capturas de cuadros de una película.

Esa habitación parecía atrapada en el tiempo. Los muebles eran todos de distinto estilo y color, no podía distinguir los colores de las paredes pero seguramente era pintura oscura que se descarapelaba en las esquinas. No había ni una sola foto que pareciera ser de los moradores de la casa. Y lo más extraño: había un silencio abrumador que se cortaba intermitentemente con un pitido electrónico.

Al fondo de esa habitación se encontraba una puerta cerrada, por los resquicios del marco y debajo de esta salía una luz azul, quien sabe que clase de energía irradiaba es habitación, pero Camila se sentía tan atraída hacia ella como las polillas a una bombilla en el techo.

-¿X98? ¿estás ahí?

No hubo respuesta. Camila siguió caminando por el oscuro pasillo hasta que se frente a su nariz se interpuso la madera y un letrero en que se leía la palabra “precaución” en mayúsculas gruesas. Alzó las cejas al darse cuenta de que el pitido provenía también de ahí. Dio tres golpes en la puerta pero no respondió más que el pitido incesante y agudo. Respiró hondo y giró la perilla para entrar. Ya adentro lo que vio le hizo dejar de respirar por algunos segundos.

En una habitación únicamente iluminada por las luces azules que irradiaba el monitor y cada uno de los aparatos conectados en una computadora del tamaño de un pequeño armario. De la computadora salían cinco cables que iban hasta la cama y se perdían entre las cortinas que le cubrían. A los lados de esta unos fuelles en forma de concertina que se contraían y relajaban cada dos segundos. Camila frunció el ceño ¿de qué se trataba todo esto?. Ahí adentro olía a alcohol, jabón  y otros olores amargos que eran característicos de químicos medicinales; le recordaban a los olores de un hospital y ella nunca se había sentido cómoda en los hospitales por lo que trataba de llevar una vida lo más saludable que podía, para no tener que poner un pie en aquellos edificios con paredes blancas y personas vestidas de blanco. Porque en los hospitales la muerte anda rondando por los pasillos, la muerte blanca y agridulce.

El pitido se intensificó en ritmo y volumen mientras ella avanzaba hacia la cama que se encontraba cubierta por la cortina translúcida con su vista recorría el camino de los gruesos cables multicolor que desaparecían detrás de la misma. Frente al mueble con sus dedos temblorosos y empujada por ese miedo expectante que te hace atreverte a todo retiró la cortina con un movimiento rápido.
Ahí tendida en la cama y muy quieta se encontraba una figura envuelta en vendajes y sábanas tanto que Camila no podía distinguir si se trataba de un hombre o una mujer. El cuerpo estaba en una posición extraña como amortajado y muy rígido, la cara también estaba cubierta como por una balaclava blanca que sólo dejaba unos agujeros pequeños para la nariz y la boca y un agujero grande que abarcaba los dos ojos. Éstos se encontraban bien abiertos y fijos, eran unos ojos fríos, azules. Las pupilas reaccionaron dilatándose y contrayéndose a la vez se oyó un ruido de teclado que salió de la computadora.

“Hola Camila” surgió en la pantalla
-Hola…
“Soy yo, X98, te dije que no era un hombre ni una mujer…un día desperté así, no recordaba nada de mi ser”
-No se que decir, nunca imaginé nada de esto…
“Entiendo si ya no quieres volver a visitar”
-No me imaginaba esto…
“Comprendo”
-Te seguiré escribiendo…dame tiempo-

Cuando Camila se dispuso a salir de la habitación el fuelle conectado a la computadora y a X98 el hombre o la mujer o lo que sea que fuese esa criatura postrada en la cama para siempre, dejó de contraerse y se escuchó el rechinido de la puerta del recibidor abriéndose.