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Enthris. Capítulo VI.

Por: Kalashnikova el March 8, 2014
Entrhis 6. Cinco pabellones

Cinco pabellones

Visto desde el aire, el penal de Enthris tenía parecido a una estrella la cual estaba compuesta por cinco rayos, cinco pabellones que albergaban a lo que muchos, incluida la legión, consideraban el lastre de la humanidad. La estrella estaba rodeada de un enorme muro de hormigón de varios metros de altura y una red de haz de luz que resguardaba la cima. Existían además tres pequeños edificios adyacentes que eran la cocina y comedor, la escuela y los talleres. Detrás de estos últimos estaba el patio para ejercicios, ahí los reclusos solían hacer los entrenamientos que los guardias les asignaban de acuerdo al grado de peligrosidad para mantenerlos físicamente agotados y evitar trifulcas.

Los cinco rayos del penal de Enthris representaban cada uno un nivel de peligrosidad del reo. El pabellón uno era para los simples rateros, el dos era para los defraudadores fiscales y estafadores; en el tres estaban los criminales con problemas de agresividad y los ofensores sexuales; en el cuarto estaban los criminales asociados con el crimen organizado y en el quinto los homicidas seriales, secuestradores y sádicos.

Flanqueado por torretas donde los guardias de Parabellum tenían la orden de cocinar a tiros de fusil láser a cualquier sospechoso que intentara darse a la fuga, así éste imponente titán reformador que todo lo ve, se erigía imponente en medio de la vegetación y el clima extremoso.

Mientras Walker y su equipo resguardaban el perímetro de la isla, Cécile y sus soldados vigilaban la actividad de los reos. El equipo dos se instaló en la torre que estaba en la parte central de la estrella de cinco rayos, desde ahí monitoreaban la actividad los prisioneros gracias a que las celdas estaban siendo vigiladas por discretas cámaras instaladas en puntos clave de los pabellones.

De acuerdo con el rol pactado entre Parabellum y la Legión, Cécile tenía que hacer tres rondas personalmente cada tercer día de la semana, la primera a las 6:00 antes del desayuno, la segunda a las 14:00 después de la comida y la última a las 22:00 después de la cena. Además, estaba presente en el comedor y en el momento en que los reclusos acudían a sus rutinas de ejercicio.

Cécile Lorccan revisaba cada bloque de celdas junto con dos oficiales menores de Enthris y dos mujeres de su equipo. Caminando por el pabellón tres, las soldados, que iban a sus espaldas la flanquearon al notar que los presos empezaron a azotar las paredes de blindado transparente que les separaban de la libertad.

La oficial, sin embargo, caminaba sin inmutarse. Si las paredes eran lo suficientemente fuertes como para aguantar unos buenos disparos de láser, nada podían hacer los golpes rabiosos de presos frustrados.

Uno de los internos lamía ávidamente las paredes transparentes mientras hacía señas obscenas a las tres mujeres. Otro tomaba distancia y luego corriendo iba y pateaba las barreras. Una buena parte de ellos sólo se quedaba viéndolas con ojos desesperanzados, como si fueran animales en un matadero, listos para ser degollados. La soldado más joven sintió ansiedad y se aferró a su rifle, lo que no pasó por alto por Lorccan.

— No es que se vayan a escapar, ¿Sabes? No pueden, si disparas tu rifle láser hacia esas paredes, no les harás ni cosquillas. Además, sólo la persona autorizada puede abrir las celdas.

— Bien…— la joven relajó su postura, confiando plenamente en su superior.

— Sus gritos son sordos a nuestros oídos, esa pared blindada los aísla casi por completo. Ahora arriba ese rostro y mirando al frente, no les demuestres tu inseguridad, la huelen. Esos pobres diablos no pueden hacernos nada, están desarmados— al oír esas palabras, la joven soldado asintió y volvió a tomar una posición firme marcando el paso.

Buena fortuna era que las miradas no podían hacer daño. Varios ojos vacíos de presos, abatidos algunos y llenos de rabia otros tantos, le seguían atentamente por todo el pabellón hasta que por fin desaparecieron en el corredor. Llegaron así a la torre central de monitoreo; las jóvenes se despidieron conforme al protocolo pero uno de los guardias de Enthris volvió unos pasos.

— Oficial Lorccan… hay algo que quiero comentar con usted…

Cécile se detuvo y miró al joven con su cara de poker.

— Bueno, en realidad es algo que he escuchado y creo que es mi deber informarle ya que posiblemente de gran ayuda para su misión. Yo llegué hace medio año a esta Isla…— el joven hizo una pequeña pausa — cómo ha de saber, procuramos que los reos no se mezclen, por ejemplo, no dejamos que los del pabellón uno estén en contacto con los del pabellón cuatro, con excepción de la hora de la gimnasia.

— ¿Por qué razón están todos juntos? ¿no es el nivel 5 el de peligrosidad máxima?—

— Eso lo hacemos para maximizar el aprovechamiento y el tiempo. El nivel cinco queda excluido de esta actividad, es más, hay quienes están en total aislamiento.

— Sigue contando

— Hace cuatro meses, estando yo de entrenamiento como recién llegado, hubo un descuido de los guardias, otros reos los distrajeron iniciando una pelea. Tres reos de nivel cuatro le rajaron la garganta con una cuchara afilada a un reo de nivel uno…

Lorccan alzó las cejas. Había escuchado cosas maravillosas sobre Enthris de la boca del Director de operaciones de la Legión así como de Walker, por supuesto, nadie iba a mencionar el incidente de la cuchara afilada…

— ¿Tu preocupación es que vuelva a pasar?— preguntó Lorccan

— No, Oficial, escuche…mi preocupación es ¿Por qué eliminar a alguien del pabellón uno? ¿No es más lógico que quieran eliminar a uno peligroso? Además, después del incidente no volvimos a ver al reo del pabellón cuatro…

— ¿Y no sabes qué ocurrió con él?—

— No, pero sospecho que lo trasladaron al pabellón cinco. Mire, sólo tengo seis meses aquí no me van a dejar que toque ningún archivo para corroborarlo

— Ya veo — “Ya lo comentaré con los otros”, pensó la legionaria. Información interesante, sin duda.

— Bueno, por lo menos tenemos a la Legión de nuestro lado. — el joven se encogió de hombros e inmediatamente se alejó rumbo a Domus I.

Cargando su fusil, Cécile se alejó de la torre de vigilancia y cruzó por enmedio, donde se encontraba la torre de monitoreo, para llegar la entrada del pabellón uno. De ahí salió León Jenner unos minutos después.

— ¡Eh! Todo tranquilo en el uno — confirmó

— Nada diferente en el pabellón tres. Sólo presos mandándome a mis soldados y a mí a la mierda, y creo que eso no cuenta como actividad ilícita. — Lorccan corroboró, su colega asintió.

— Mientras no te manden a una mierda, literalmente…— Volpi, quien salía del pabellón cuatro exhalaba profundamente — Parece que aquí llegó un demonio, salió del centro de la Tierra y se tiró un pedo, está insoportable el calor.

— Estoy segura de que he sudado al menos la mitad del peso de mi cuerpo cada que salgo a dar los rondines.

— ¿Y si estos fantoches de Parabellum lograron controlar el clima para joder más a sus presos?

 

Jenner entrecerró los ojos y riendo negó con la cabeza. — Mejor vayámonos al comedor, lobos hambrientos — León avanzó rumbo a Domus I, no sin antes palmear la espalda a sus compañeros.

— Oigan, tengo que decirles algo

La oficial Lorccan relató a sus compañeros de pelotón lo revelado por el guardia novato de Enthris. León Jenner no había oído algo similar, solo rumores de apuestas y peleas en el área de ejercicios. Aldo Volpi tomaba su barba con los dedos pulgar e índice mientras meditaba los detalles del relato.

— Pues parece una pelea común y corriente

— Es lo que pienso. O tal vez unos estaban apostando a ver quién quedaba fuera de combate, también podría tratarse de un ajuste de cuentas — explicó Lorccan

— Ajuste de cuentas o no, seguro por ahí se traen entre manos algo. Y vamos a descubrir qué es — Jenner sacó un paquete de cigarrillos del bolsillo de su camisa y lo encendió. Volpi le quitó uno que colocó detrás de su oreja, juntos, los tres se dirigieron al comedor.

No volvieron a verse hasta que dieron las 18:00 horas y Charles Walker ordenó que todos los legionarios pasaran a la sala de conferencias que se encontraba en el edificio recibidor, a la izquierda del lobby. Como era habitual en Enthris, ese cuarto era amplio y de aspecto en extremo aseado. Las paredes de cristal, blindado como el de los pabellones, brillaban con reflejos de luz. En cada panel de éstos estaba omnipresente el logo de la corporación. Adentro, al otro extremo de esa sala, se encontraba una pantalla gigante empotrada en la pared. En el centro estaba una mesa rectangular y alargada preparada para los legionarios.

— Tomen asiento, damas y caballeros — dijo una mujer con traje ejecutivo color negro, de corte elegante y zapatos de tacón rojos que, lucían excéntricos, no se necesitaba ser un genio para intuir que posiblemente también costaban más de un mes de salario legionario.

Mientras ella deslizaba sus dedos por una tableta transparente, donde seguramente revisaba las notas de su presentación. Un hombre con traje de oficina cuyo complemento era una corbata amarilla, colocaba botellas de agua a lo largo de la mesa; al terminar salió rápidamente de la habitación y la mujer observó con sus grandes ojos verdes a toda la comitiva que estaba ocupando las sillas amarillas situadas alrededor de la mesa central.

— Ayer no tuve la oportunidad de darles la bienvenida, yo soy la jefa del departamento de ciencias de la salud de esta penitenciaría, Nadia Mijailovic.

— Es muy joven, ¿no te parece — comentó Aldo por lo bajo a Cécile, quien estaba sentada a su derecha. Ella asintió — es mayor que tú, sí, pero no por mucho.

La puerta automática se deslizó suavemente, casi sin hacer ruido, dando paso a un hombre alto, que lucía un traje gris plata de tres piezas. Al aproximarse a Nadia Mijailovic e inclinarse para saludarla con un beso en la mejilla, sus prematuras e incipientes canas resplandecieron cuando las luces fluorescentes del salón le iluminaron las sienes.

— Ayer conocieron a nuestro vicepresidente, aunque yo no tuve el gusto de conocerlos, mi llegada a Enthris se retrasó debido a algunas reuniones que eran imperantes y se llevaron a cabo fuera de esta isla. Mis disculpas, soy el doctor y alcaide, Ernest Eriksson —

“Mira este, debe apenas pasar la treintena”, otro comentario de un sorprendido Volpi que Cécile logró escuchar. Walker, que estaba sentado próximo a la pantalla, se levantó e hizo un saludo militar a ambos doctores para luego coordinar una rápida ronda de presentaciones. Terminada la ronda, todos los soldados volvieron a sentarse en las sillas amarillas que les fueron asignadas.

— El vicepresidente partió ayer, espero no les moleste. Sin embargo ha podido salvar algo de su tiempo para una videoconferencia. — la doctora puso dos dedos de su mano sobre un interruptor en la pared al lado de la gran pantalla. — Luz tenue

“Luz tenue” una voz masculina procedente de los parlantes en el cuarto se hizo escuchar y la luz empezó a disminuir su intensidad. La doctora dio una nueva orden “transparencia 40%”, las paredes de cristal empezaron a ahumarse en pocos instantes. En la gran pantalla parpadeó la frase “Iniciando conexión” y “Conectando con satélite” en letras mayúsculas verdes. Un sonriente Theodore Weber apareció en la pantalla, en su corbata había un llamativo alfiler dorado con el logo de Parabellum.

— Buenas tardes, espero que además de trabajar incansablemente como siempre lo hace la Legión, hayan podido darse tiempo para disfrutar de las instalaciones Domus. Esta conferencia express tiene el objetivo de brindar información actualizada acerca del complejo de seguridad Enthris—

Después de las palabras introductorias, Weber proyectó un video institucional del penal, sus instalaciones, sus guardias y su equipo de científicos. Las últimas tomas eran de los presos yendo al patio a hacer ejercicio, el comedor y lo que parecía un taller de artesanías.

— ¿Cuándo van a hablar de lo buenas que son las cucharas para cercenar cuellos? — murmuró Volpi

Lorccan lo miró de reojo, por su parte, Jenner parecía más enfocado en tratar de permanecer despierto que en seguir viendo el video; en cambio, todos los demás, Charles Walker incluido, parecían absortos en aquel despliegue de eficiencia y orden llamado Proyecto Enthris.

— Anteriormente en manos de la Federación había problemas como hacinamiento y un inadecuado proceso de readaptación. — Weber pasaba los dedos por el alfiler de su corbata mientras continuaba con sus palabras en un tono animado — Gracias a las modificaciones al apartado 2 en el artículo 125 de nuestra Constitución referente a la administración de la justicia penal, este sector fue transferido a manos de la iniciativa privada. Como pudieron apreciar, este es el resultado de Parabellum —

Los legionarios aplaudieron, León Jenner, quien estaba a nada del letargo, abrió los ojos como si alguien hubiera halado sus párpados, sonriendo nerviosamente miró hacia la pantalla.

— Queridos Legionarios, están en las manos de la doctora Mijailovic y el alcaide Eriksson — La pantalla volvió a quedar en negro, y en ella parpadearon las palabras “Fin de la transmisión”.

— ¡Impresionante! — exclamó Walker — me siento orgulloso de estar aquí en nombre de la Federación

— Excelente, legión — el alcaide hizo un movimiento en la pantalla táctil al lado de la pared derecha y en la pantalla apareció un diagrama de la estrella que era la prisión Enthris. — varios puntos palpitaban continuamente en el mapa.

— Estos puntos amarillos que pueden ver son áreas donde sospechamos que ha habido actividad sospechosa de los presos. Estamos preocupados por las hermandades que, al parecer, están formándose — la doctora hablaba con un buen tono, calmado y ameno, como si estuviera contando una historia a jóvenes aventureros y no a militares curtidos por calamidades bélicas— las hermandades propician actividades como extorsión y violencia entre reclusos.

— ¿Quiere acaso que no permitamos que hablen entre ellos? — preguntó Walker — Perdone, eso es imposible

— Nada de eso — colocando un mechón de cabello detrás de su oreja derecha, prosiguió — tenemos sospechas de que hay un complot para introducir sustancias ilícitas a Enthris. El objetivo primordial es encontrar la rebelión y sofocarla.

Cécile se aclaró la garganta antes de hablar y se levantó de su siento— Disculpe, yo soy quien está a cargo de los rondines en esta misión. Y yendo al grano, quiero preguntarle acerca del incidente de hace meses. —

La joven médico le miró con interés, con un movimiento de su cabeza le que estaba esperando oír el resto.

— He recibido información acerca de un grupo de prisioneros que asesinaron con una cuchara afilada a un prisionero del nivel uno. ¿Podría saber a qué pabellón movieron al atacante? —

— Ya veo…

Mijailovic meditó unos momentos la respuesta e hizo un chasquido con la lengua. Los ojos de los legionarios se clavaron en su rostro, pronto sintió la presión de todas esas miradas y carraspeó. Cécile le miró con el ceño fruncido, estaba tratando de no ser hostil, pero al parecer algo incomodaba a la doctora. Walker, al igual que los colegas de la oficial, observó en silencio absoluto.

— El prisionero está en el pabellón cinco — contestó por fin la mujer de ciencia. La postura de su cuerpo era tensa ahora, Su cabello ondulado y rojo le hacían ver como una criatura mitológica cuyo rostro pronto sería devorado por lenguas de fuego.

— Quiero verlo —

— Me temo que no será posible, al menos por este día, tenemos que alistar una escolta, ya que el pabellón cinco es sólo accesible para ciertos guardias de mayor rango y los roles ya están definidos para lo que queda de esta jornada. — intervino el alcaide

— ¿Entonces mañana? ¿podré verlo mañana?

— Le ruego que no sea insistente y comprenda que nosotros avisaremos cuando esté listo. ¿alguien tiene más preguntas? — Eriksson extendió sus brazos apuntando a los demás legionarios

Esperó oír más preguntas o bien, que alguien dejara asiento y al no ver a nadie, dio por concluida la reunión. Todos salieron, menos Lorccan y Walker. Volpi le miraba desde afuera, mientras los cristales volvían a ser transparentes y el cuarto se iluminaba con la fluorescencia de los tubos en el techo falso.

— Espero una respuesta — los doctores le observaron, el doctor habló

— bueno, nuestra respuesta será la misma, nosotros tenemos que tener una agenda para esa visita

— Entonces esperaremos esa noticia Lorccan, salgamos — Walker salió de la sala de conferencias.

Cécile Lorccan se marchó no sin antes echarle una mirada a Mijailovic y a Eriksson, quienes parecían estar susurrando algo. “¿Quién tiene más autoridad en Enthris? ¿Nosotros, los representantes de la Federación? o ¿esos mocosos?”.

Eran ya las 20:00 horas, en unas horas más se llevaría a cabo la última ronda de vigilancia de ese día.